La dignidad y la autonomía de las personas con discapacidad no son negociables.

El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU hizo un llamado al Consejo de Europa para retirar un proyecto que permitiría mantener el internamiento y el tratamiento involuntarios en los servicios de salud mental.

El Comité fue contundente: la discapacidad nunca puede justificar la privación de la libertad, el tratamiento sin consentimiento o cualquier forma de coerción. Estas prácticas son incompatibles con la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y con un modelo de atención basado en los derechos humanos.

La respuesta a una crisis en salud mental debe construirse desde el respeto a la voluntad y las preferencias de la persona, mediante apoyos, servicios comunitarios, consentimiento libre e informado y alternativas que fortalezcan su autonomía, nunca mediante la imposición o el aislamiento.

La salud mental con enfoque de derechos humanos significa poner a la persona en el centro, reconocer plenamente su capacidad para tomar decisiones y garantizar una vida libre de violencia, discriminación e institucionalización.

Nada sobre las personas con discapacidad sin las personas con discapacidad.

La autonomía también es un derecho humano.

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